De asaltos y Ricardo Darín.

Martes, 8:20 pm. Patitas Cortas iba caminando alegremente por las calles de Tacumbú. Esa vez no escuchaba al triste saxo de Helliwell, había elegido HIT por culpa de radio Montecarlo y Fernandito. Tanto era el disfrute de la canción que comenzó un leve movimiento como queriendo bailar, pero recordó la pelada reciente que había pasado en la tienda por vivir intensamente en su auricular. Cantó muy fuerte Trátame Suavemente y la cajera ya le había gritado diez veces “¡Factura o Ruc!”, mientras la señora de al lado con cara de schoenstattiana esperaba su paquete y la observaba con preocupación.
– Disculpe señora, yo escribí un artículo que se titula Me siento Heidi en una revista muy seria, además tengo un conejo que come pan y la purina de Gina, un caniche toy número 1 y sigue vivo a pesar de todas las advertencias gastronómicas. Está todo controlado.
Repasó la oración una vez más para no trabarse mientras recitaba pero comenzó a tener unas molestas picazones; se levantó la remera y se rascó la panza. Inmediatamente reconoció el olor… Era el Spray Protector Doble Acción Elnett para pelo liso de L’Oréal Paris. Fobia a la peluquería, le habían diagnosticado en su último test de 3 preguntas sobre sus colores preferidos con Ramón Torres. Tenía que salir de ahí antes de quedarse sin respiración.
*Observación: La susodicha no recuerda si colaboró vuelto en la tienda.

Patitas Cortas estaba firmemente convencida de que tenía un ángel de la guarda musculoso que la protegía cuando su espíritu viajaba por los valles de Escocia, en el fondo era tan común como toda esa gente que cree que tienen algo de especial. Pero su ángel la abandonó por los que prefieren ir a pascua joven en semana santa; ya le había vaticinado su padre sobre la importancia de asistir al domingo de ramos.
Y fue entonces que en el mismo camino de siempre lanzó un grito no muy femenino cuando se acercaba Él. Siempre fantaseaba con la gran valentía con la que reaccionaría cuando llegue EL DÍA, pero tal cual un Ricardo Darín en El Aura, corrió por su vida y la entregó fácil.

Siguió corriendo cuadras y cuadras sin sentir ningún cansancio como el que le producía dos metros en Ñu Guasú y de repente… se convirtió en persona; lloró y relató todo mal lo que había sucedido. Pero convengamos que la persona del sexo femenino, de cutis blanco y estatura mediana le desconcentraba. No, no le pareció linda, menos aún era su tipo. Le desconcentraba su sonrisa mientras ella contaba una tragedia. Y comenzó a comprender que su tragedia interrumpía el flirteo que se transmitía por la radio de la policía. El acta de 5 párrafos le había llevado dos horas, era un tedioso trabajo para una dama policial que debía tomar una difícil decisión cuando llegaban palabras con B o V y C o S , y encima, al mismo tiempo tenía la misión diafragmática de impostar la voz para lograr una resonancia más sexy mientras mantenía la conversación con su compañero. Pero lo más importante era el brillo en sus ojos que desnudaba su alma. En sus ojos se apreciaba como corría el semen del sub oficial por el libro de actas. Con cada cambio – fuera se escuchaba un suspiro entre números de cédulas de malhechores sospechosos.
Tal cual Ricardo Darín en El Aura, Patitas Cortas se imaginó un escrache nudista frente a la comisaría, pero no hizo nada. Siguió llorando y le dijo “Prestáme tu teléfono”. Pasaron los días y lo primero que compró fue un reproductor de música. Yaciendo así su bolsillo se conformó con el modelo más parecido al anterior.

El otro día se despertó con la brisa de 19 ° y sentía que con esa temperatura podía arrasar el mundo. “Éste es mi día”, se decía a sí misma mientras desayunaba la semilla de lino que había desgranado con paciencia su mamá.

Patitas Cortas se fue caminando por las calles de Tacumbú aunque ya no tan alegremente y cada vez que pasaba a la siguiente canción volvía a Rotolando verso sud, iniciando un ligero cariño hacia los nuevos auriculares rosados. En ese instante en que proyectaba su vida de acá a 5 años, imaginando su casa en la cima de una montaña, bebiendo grapa con Heidi y escuchando su triste historia de cuando Pedro el cabrero la dejó por la rubia lisiada cuando ni bien ésta pudo caminar. En ese instante en que el strudel caliente rozaba sus labios, en ese instante… Giró la cabeza, se miraron fijamente, hubo una conexión de fibra óptica.

Fue la única oportunidad que le dio la vida de no perder para siempre lo que más quería en esta vida… Una sola vez la vida te pone de frente al ladrón que te había robado la vida para decirle la falta que te hacía. Pero no, Patitas Cortas mientras le miraba se imaginaba una gran pelea tal cual Ricardo Darín en El Aura. No tuvo las agallas para decirle lo mucho que le hacía falta su mp3, que ya no encontraba el mismo modelo y cuánto tiempo y esfuerzo le había llevado descargar todas sus músicas. ¡El celular y los documentos no importaban!

Fue tan Ricardo Darin en El Aura que hasta al llegar a su casa seguía pensando en la oración exhortativa que no pronunció y en el kure patada que no dio. Hasta que contando su historia le preguntaron. “¿Y no anotaste su chapa?”.

¡A LA MIERDA!

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