De inocencia y oportunidades

Por esas cosas de la vida, uno se encuentra en un lugar al que no sabe como llegó. Entonces, uno respira -profundo- y exhala todo lo que dejó el rocío. Por esas cosas de la vida cuando uno se deja llevar en dirección al viento, aunque siempre preferimos que venga del sur, a veces nos vamos con el norte y no sentimos bien, porque elegimos algo diferente.

Por esas cosas de la vida, un sábado a la noche -en el que debería estar socializando para ser normal-, escribo. Y de fondo se escucha el desgarrador saxo de John Helliwell en el existecialismo de “The logical song”; por esas cosas de la vida, esta canción me empuja a pensar en una semana atrás, y la semana pasada me lleva a recuerdos de más de 10 de años, porque la letra de de Roger Hudgson es una historia de inocencia e idealismo perdido.

Por esas cosas de la vida dije SÍ y me sumergí en un mundo que ya había olvidado. Volví a escuchar el timbre del recreo, sentí después de tanto tiempo el chirrido de la tiza en la pizarra  y recordé la diversión que produce la suciedad de manchas coloridas. Ya había olvidado la sinceridad y todavía más al sincericidio, hasta que compartí un día de clases con niños de 6 a 8 años. Fundí una remera con la tempera, pero más que unos salpicones de tinta, es el recuerdo de ver tantas almitas espontáneas reunidas en un salón de clase.

Todo parece un cuento de hadas hasta acá, pero hay un instante – de esos puntos suspensivos largos que me gustan hacer- en el que me quedaba desorientada, y ese instante era desgarrador como el saxo de Helliwell. Porque detrás de esas sonrisas y detrás de sus juegos había una realidad, y la hija de puta era descarnada. Y encima, ella -tan elitista- golpea más a las escuelas pobres como a la que me tocó conocer. Y en mi cabeza había un remolino de pensamientos donde el futuro me atormentaba. Quería tener una bola mágica y saber cómo serán ellos dentro de 10 años. Sacudí mi cabeza, y me di cuenta que tenía que seguir pintando con ellos.

Seguimos pintando sueños…
No sé que será de ellos dentro de 10 años. Lo único que sé, es que quiero que la descarnada no sea tan cruel; al menos que abra un poquito la puerta al final del pasillo.

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